sábado, 23 de octubre de 2010

Duende

Sin principio ni final, todo danza alrededor de mis ideas, esas que juegan a ser jóvenes, cuando en realidad son tan viejas como las pasas que el tanto ama…

Más no losé, tal vez sea yo y estas ideas de cobre, oxidándose con cada aceleración producida por tu sonrisa tan transparente como el amor que nunca me diste, o quizá sean esos sueños de manos sudadas, cachetes sonrojados, y un susurro que se queda en el olvido con palabras cursis que nadie se molestara en recordar, pues no valdría la pena preocuparnos por lo que podría suceder, si, probablemente, ni siquiera pasara.

Bah, a quien engaño, suceda o no, yo te espero como fiel seguidora de tus retrasos, cual idiota hipnotizada por tu física, esa que nadie sabría explicar, pues ¿cómo se podría comprobar la forma en la que el impacto de tus ojos chocaron contra mis neuronas, impregnándolas con un azul cielo que domina el vuelo de mis recuerdos, sueños, movimientos y cualquier cosa que salga de mi cerebro?

Y como si fuera poco, has volteado mi anatomía, púes mi estomago subió a los cielos de mi garganta, bajando mi corazón a los confines de mi intestino grueso, pues engordo con tantas imágenes de cabellos color naranja, tal como el vestido que me puse ayer. Pero no es solo su cabello pelirrojo, sino es su piel, tan blanca como la mía, y no basta con eso, sino son sus ojos, azules verdosos, del tipo que ni el caribe logra igualar. Mas sin embargo, todas estas tonterías y descripciones de aquel tritón que gobierna mi torrente sanguíneo, púes infiltra sus burbujas amorosas en mi cerebro y acelera mis latidos, si al final, sus ojos miran a la izquierda, cuando estoy a la derecha, y su manos, esas con las que tanto eh soñado, son cubiertas por guantes negros con líneas rojas, indicando que no son de nadie mas que de el.

De mientras, yo sigo en la lucha del tal vez y el jamás, donde quizás yo sea esa chica, pero al final se que nunca soñaste conmigo.

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