Con vergüenza más sin temor aparente
Entro a mi biblioteca de recuerdos
Donde entre hoja y hoja se esconde mis ayeres
En esos donde tú eras yo y yo era una del montón
Esos días donde tu simple presencia encendía mi sistema inmunológico
O más bien, amorologico
Pues todo funcionaba a la inversa
Primero mi corazón latía llamaradas que secaban mis sentidos
Para abrirle paso a esas mariposas
Aunque era de esas veces que se sentían mas como murciélagos
Los que carcomían tu estomago dejándote con brinquitos repentinos
Bueno, no nos engañemos, en ese libro, tu libro...
Este bien, tu stand…con unos cuantos libros sobre ti
Uno sobre esa dulce sonrisa que nunca me dedicaste
O esas miradas que juraste no darme, más me las diste
Y sobre todo, al final de esas añejas cursilerías
Donde te dedicaba cada línea de cada verso
Al final, en la empolvada esquina derecha
Encontraras el final de nuestra historia
La que simplemente termino con un “no sé”.
sábado, 23 de octubre de 2010
He perdido los zapatos
Todo es ruido en mi cabeza, mis pensamientos tienen fiesta de té y no estoy invitada, dicen que ellos sin mí lo son todo, yo digo que sin ellos no soy nada, más aun así se niegan a pensar en mi, ¿para que? si eh perdido mis zapatos otra vez.
Vuelvo a la búsqueda de las zapatillas perdidas, pero no son de cristal, ni de oro, ni siquiera son rojos o cumplen deseos, solo son unos simples zapatos, de esos que te pones para atravesar el charco de la amargura, dejado por la lluvia de la pre soledad, o de los que te acompañan a través de la travesía en la búsqueda de la gran aventura, a la que todos lo llaman amor. Pero para mí, son los tenis del recuerdo, donde mis pensamientos se concentraban en mi, bueno, en tu y yo, donde con esos bien puestos y con las agujetas amarradas, puedes saltar al castillo del quizá, donde, quizá, el mañana no sea tan malo como el hoy. El hoy donde perdí mis zapatillas para ejercitar el músculo d mi corazón, que ya está un mucho fuera de forma después de la bienvenida que me dieron Ben & Jerry cuando tu despedida me dejo con un sabor amargo.
Vuelvo a la búsqueda de las zapatillas perdidas, pero no son de cristal, ni de oro, ni siquiera son rojos o cumplen deseos, solo son unos simples zapatos, de esos que te pones para atravesar el charco de la amargura, dejado por la lluvia de la pre soledad, o de los que te acompañan a través de la travesía en la búsqueda de la gran aventura, a la que todos lo llaman amor. Pero para mí, son los tenis del recuerdo, donde mis pensamientos se concentraban en mi, bueno, en tu y yo, donde con esos bien puestos y con las agujetas amarradas, puedes saltar al castillo del quizá, donde, quizá, el mañana no sea tan malo como el hoy. El hoy donde perdí mis zapatillas para ejercitar el músculo d mi corazón, que ya está un mucho fuera de forma después de la bienvenida que me dieron Ben & Jerry cuando tu despedida me dejo con un sabor amargo.
Duende
Sin principio ni final, todo danza alrededor de mis ideas, esas que juegan a ser jóvenes, cuando en realidad son tan viejas como las pasas que el tanto ama…
Más no losé, tal vez sea yo y estas ideas de cobre, oxidándose con cada aceleración producida por tu sonrisa tan transparente como el amor que nunca me diste, o quizá sean esos sueños de manos sudadas, cachetes sonrojados, y un susurro que se queda en el olvido con palabras cursis que nadie se molestara en recordar, pues no valdría la pena preocuparnos por lo que podría suceder, si, probablemente, ni siquiera pasara.
Bah, a quien engaño, suceda o no, yo te espero como fiel seguidora de tus retrasos, cual idiota hipnotizada por tu física, esa que nadie sabría explicar, pues ¿cómo se podría comprobar la forma en la que el impacto de tus ojos chocaron contra mis neuronas, impregnándolas con un azul cielo que domina el vuelo de mis recuerdos, sueños, movimientos y cualquier cosa que salga de mi cerebro?
Y como si fuera poco, has volteado mi anatomía, púes mi estomago subió a los cielos de mi garganta, bajando mi corazón a los confines de mi intestino grueso, pues engordo con tantas imágenes de cabellos color naranja, tal como el vestido que me puse ayer. Pero no es solo su cabello pelirrojo, sino es su piel, tan blanca como la mía, y no basta con eso, sino son sus ojos, azules verdosos, del tipo que ni el caribe logra igualar. Mas sin embargo, todas estas tonterías y descripciones de aquel tritón que gobierna mi torrente sanguíneo, púes infiltra sus burbujas amorosas en mi cerebro y acelera mis latidos, si al final, sus ojos miran a la izquierda, cuando estoy a la derecha, y su manos, esas con las que tanto eh soñado, son cubiertas por guantes negros con líneas rojas, indicando que no son de nadie mas que de el.
De mientras, yo sigo en la lucha del tal vez y el jamás, donde quizás yo sea esa chica, pero al final se que nunca soñaste conmigo.
Más no losé, tal vez sea yo y estas ideas de cobre, oxidándose con cada aceleración producida por tu sonrisa tan transparente como el amor que nunca me diste, o quizá sean esos sueños de manos sudadas, cachetes sonrojados, y un susurro que se queda en el olvido con palabras cursis que nadie se molestara en recordar, pues no valdría la pena preocuparnos por lo que podría suceder, si, probablemente, ni siquiera pasara.
Bah, a quien engaño, suceda o no, yo te espero como fiel seguidora de tus retrasos, cual idiota hipnotizada por tu física, esa que nadie sabría explicar, pues ¿cómo se podría comprobar la forma en la que el impacto de tus ojos chocaron contra mis neuronas, impregnándolas con un azul cielo que domina el vuelo de mis recuerdos, sueños, movimientos y cualquier cosa que salga de mi cerebro?
Y como si fuera poco, has volteado mi anatomía, púes mi estomago subió a los cielos de mi garganta, bajando mi corazón a los confines de mi intestino grueso, pues engordo con tantas imágenes de cabellos color naranja, tal como el vestido que me puse ayer. Pero no es solo su cabello pelirrojo, sino es su piel, tan blanca como la mía, y no basta con eso, sino son sus ojos, azules verdosos, del tipo que ni el caribe logra igualar. Mas sin embargo, todas estas tonterías y descripciones de aquel tritón que gobierna mi torrente sanguíneo, púes infiltra sus burbujas amorosas en mi cerebro y acelera mis latidos, si al final, sus ojos miran a la izquierda, cuando estoy a la derecha, y su manos, esas con las que tanto eh soñado, son cubiertas por guantes negros con líneas rojas, indicando que no son de nadie mas que de el.
De mientras, yo sigo en la lucha del tal vez y el jamás, donde quizás yo sea esa chica, pero al final se que nunca soñaste conmigo.
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